Monday, July 04, 2005

HOY EXHIBIMOS EL CAPITULO 2 DEL LIBRO CRIMEN IMPERFECTO

Capítulo 2
El Conde Berríos

“Eugenio Berríos era una persona muy inteligente, pero dereacciones incontrolables, sicopáticas. En una oportunidad, cuando reprobó el ramo de Química Orgánica en tercer año, lo que le significó dejar la carrera, fue sorprendido al intentar hacer explotar la Facultad de Química y Farmacia, luego desapareció de la zona de Concepción. Luego supe que se había venido a la Universidad de Chile a Santiago”. José Santiago Morales Inostroza (El Chago), experto en armas químicas del ISP y asesor del Ministerio de Defensa.
Eugenio Berríos Sagredo nació el 14 de noviembre de 1947 en Santiago. Su padre, era empleado bancario; su madre lo educó, junto a su hermano, en el respeto a la autoridad, el deseo de conseguir buenas notas y el amor a su país. La familia, religiosa pero no devota, era un claro caso de católicos de la ética apostólica que asistían a misa los domingos y las fiestas de guardar. Si en algo se destacaba aquel estilo de vida era en ser especialmente soporífero. Y Eugenio Berríos así lo creía.
Gonzalo Berríos y María Sagredo querían que a su hijo le fuera bien en la vida, encontrara un trabajo seguro y se casara con una joven de buena familia de clase media parecida a la suya. Desde pequeño, relata su padre, “mi hijo fue inquieto y mateíto en los estudios”. Su madre recordó –antes de fallecer–cómo contrajo el tifus cuando niño, lo que lo tuvo unos meses en la casa: “Lo pasó mal, estaba medio amarillo y bajó
bastante de peso”.
La enfermedad lo mantuvo alejado del colegio Hispanoamericano un tiempo, entidad educacional de tendencia católica asentada en el barrio de clase media, cuyo principal símbolo es la iglesia que se eleva poco más de 25 metros desde el suelo, ubicada en la esquina de Porvenir y Carmen.
Pero las secuelas de la afección se mantuvieron hasta su vida universitaria, ya que siguió sufriendo de gastritis crónica e incluso se vio afectado por una hemorragia intestinal en 1967, por lo cual debió ser internado en el hospital de Concepción. La versión sobre su inteligencia se podría confirmar por las notas que obtenía en su educación primaria y secundaria en ramos científicos –todas bordeando el 7.0–, lo que le permitió quedar seleccionado, años más tarde, en la especialidad de bioquímica, en la Universidad de Concepción (UDC). En la casa de estudios sus notas no eran del todo malas. En algunos ramos tenía mayor facilidad que en otros, pero “era un alumno del montón”, recuerda una compañera de su curso que solicitó reserva de su identidad.
Al igual que el padre, su madre recordó que “desde niño, mi hijo fue una persona inquieta”. Pero su progenitora no pensaba que la inquietud vendría por el lado de la militancia ultraderechista.
Sin embargo, Berríos guardaba en su existencia un dolor profundo que muy pocos conocían: su hermano sufría síndrome de Down. Al mismo tiempo, cierto resentimiento y falta de afecto lo llevaron a dejar la casa de sus padres e instalarse en el hogar de su tía Berta Sagredo, en calle Carmen, a pocos metros de Avenida Matta y coincidentemente de su antiguo colegio.
LA GOLPIZA UNIVERSITARIA
El 18 de octubre de 1967, Eugenio Berríos, ya estudiante de bioquímica en la Universidad de Concepción, recibió una golpiza que lo dejó a maltraer. ¿La razón? Durante una manifestación izquierdista, arrió la bandera cubana que los estudiantes habían izado junto al pabellón patrio –con un crespón negro– y del alma mater, como ceremonial por la muerte de Ernesto “Che” Guevara.
Pero Berríos no actuó solo. Lo hizo con José Millán Arratia, jefe del Departamento de Ingeniería de la casa de 21 estudios, que también fue golpeado, pero solo resultó con lesiones leves. Es decir, un ojo en tinta y algunos magullones, como lo revela el proceso judicial 27.645-67, de ese año. “El único motivo que le he dado a mis agresores fue haberle ayudado al señor Millán a sacarle el crespón negro que tenía la bandera chilena que había sido izada junto a la cubana. Por eso se me vino encima un grupo como de diez estudiantes, entre ellos Jorge Grez Aburto, quien me dio un codazo y un puñete y varios golpes en el cuerpo.
En el grupo también reconozco a Horacio Vergara Lersen”, declaró Berríos ante el titular del Tercer Juzgado de Letras, Enrique Silva Segura. Al día siguiente, es decir el 19 de octubre, los diarios La Crónica y El Sur dedicaron largas notas informativas al hecho, dejando entrever el ánimo de enfrentamiento que existía al interior de la facultad.
Triste sería, años más tarde, la suerte del supuesto agresor, el militante del MIR y estudiante de filosofía, Jorge Arturo Grez Aburto. Figura como un detenido desaparecido en el Informe Rettig. Tras una corta estadía en el hospital de Concepción, Berríos debió concurrir al Servicio Médico Legal, donde el doctor Francisco Behn le constató la fractura nasal. Esto permitió que Jorge Grez fuera procesado por el delito de lesiones graves en la persona de Berríos, pero al poco tiempo, la causa fue sobreseída. Grez Aburto debió declarar y señaló ante el magistrado que todo se debió a una turba de personas que corrían y se agredían, negando siquiera haber tocado a Berríos. El mismo 18 de octubre, Grez Aburto se topó con Berríos en el foro de la universidad. “Nunca he tenido algún altercado con el compañero Berríos, pero sí he comido con él en el hogar universitario. Ignoro que tendencia política tendrá, pero me parece que es radical”, declaró Grez Aburto al juez. Pese a que Grez no fue condenado, se ordenó su expulsión del Hogar Universitario.
EL “LOCO” BERRÍOS
Berríos era un estudiante particular en la Universidad de Concepción. Vestía terno con botones dorados, corbatas y zapatos siempre bien lustrados. “Era un chiche”, dijo para esta investigación uno de sus compañeros de curso en aquellos años, César Drago Droguett.
“Berríos era un arquetipo bastante atípico. Era sobrio, distinguido y refinado. Jamás usó un jeans, solo chaquetas cruzadas y tenía una severa altivez caballeresca, por eso le decíamos el conde”, recordó Drago. Pero en el hogar de estudiantes de Concepción, Berríos sacaba a relucir su interés por otra moda: la capa que ponía sobre su ropa. “Parecía un conde drácula cualquiera”, recuerda un compañero de curso. Pero Berríos en otros círculos de la UDC, no era particularmente querido. Quizás el hecho de que comprara siempre El Mercurio para anotar en una libreta de apuntes los nombres de los judíos que aparecían en la lista de fallecidos, despertaba suspicacias entre las personas que le conocían. También generaba algunas antipatías el hecho de que hablara de “purificación racial”, cuando en reuniones de amigos o debates universitarios se trataba el “holocausto” judío. Ya por ese entonces, Berríos disfrutaba los libros del “nazi criollo” Miguel Serrano y había devorado la obra de Adolfo Hitler, Mi Lucha, entre otros textos sobre la raza aria y de misticismo. Uno de los que sospechaba de Berríos es el actual director Asociado del Instituto Tecnológico de Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile, Luis Valladares.
El químico llegó a ser presidente del Centro de Estudiantes de su carrera representando a la Juventud Radical Revolucionaria (JRR). Valladares tenía casi la certeza, al igual que otros entrevistados, de que Berríos era uno de los informantes del decano de la facultad de Química y Farmacia, Carlos Von Pleasing. Pero quien cernía mayores sospechas fue Carlos Humberto Contreras Maluje, miembro de las Juventudes Comunistas, que en los sesenta vivía una suerte de minoría en la UDC, debido a la fuerza que tenía el MIR.
“Lucho, tenga cuidado con Berríos: es un tipo peligroso. Es de esos que nunca se sabe qué piensan”, le dijo Contreras Maluje a Valladares a fines de los sesenta. Su percepción quizás no estaba tan lejos de la realidad, porque Berríos ingresaría a conformar el grupo más selecto de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), prima hermana del Comando Conjunto, el mismo que detuvo e hizo desaparecer a Contreras Maluje6 , cuando ocupaba la dirección clandestina del PC, el 2 de noviembre de 1976.
Pero más allá de cualquier diferencia de vestir con otros estudiantes que llevaban barba, pelo largo y pantalones “pata de elefante” a la usanza de los locos años 60, las relaciones internas en la universidad tenían también un fin común: la juerga.
Los lugares que mayormente frecuentaba Berríos y sus compañeros de curso eran, como no, la famosísima Tía Olga, La Bomba y la llamada Casa del Vicio, ubicada en Paicavil 434. Pero en el bar El Castillo, Berríos, junto a sus compañeros, bebían el “metro cuadrado de cerveza”, recuerda el farmo-químico, Manuel Sepúlveda Rieloff, quien departió con Berríos en sus tiempos de estudiante, pese a tener marcadas ideas de izquierda.
En ese lugar se constituía un grupo multipolítico adicto a la juerga llamado “capeta 69”7.
Entre las personas que frecuentaban el lugar están el estadístico Julián Mascaró, Miriam León, Héctor Valenzuela, y Renato Casas del Valle, actual dueño de una importante empresa nacional.
Otras personas conocidas de Berríos fueron posteriormente químicos y farmacéuticos, tales como José Manuel Ojeda, Roberto Alarcón, Luis Eduardo Johnson Rojas, Luis Núñez, entre otros.
Los nombres cobran relevancia, debido a que 30 años más tarde saltaron al conocimiento policial y judicial, en una investigación “reservada” y que circuló por “canal técnico personalizado” sobre la muerte del ex presidente Eduardo Frei Montalva y la posibilidad de que el agente patógeno que le dio muerte hubiese podido salir desde el Bacteriológico (actual Instituto de Salud Pública), que veremos en un capítulo posterior.
BOMBA CASERA
Sin embargo, Berríos sufrió un “impasse” a mediados de su carrera en la capital penquista. El hecho lo recuerda claramente uno de sus compañeros de curso, hoy asesor del Ministerio de Defensa en materia de Armas Químicas y funcionario del Instituto de Salud Pública (ISP), José Santiago Morales Inostroza. Berríos era una persona muy inteligente, pero de reacciones incontrolables, sicopáticas. En una oportunidad, cuando reprobó el ramo de Química Orgánica en tercer año, lo que le significó dejar la carrera, fue sorprendido al intentar hacer explotar la Facultad de Química y Farmacia, luego desapareció de la zona de Concepción. Luego supe que se había venido a la Universidad de Chile a Santiago a terminar la carrera ”8, dijo.
Algunas personas en la UDC supieron del hecho. Treinta años más tarde tienen imágenes difusas, pero Luis Valladares rememora cómo Contreras Maluje, sospechaba que, cuando Carabineros intentaba ingresar al recinto universitario penquista, era para vigilar a Berríos.
“Mi amigo Carlos Contreras me decía que ante la eventualidad de que ingresara Carabineros intentáramos siempre tener a Berríos a la vista. Siempre sospechó de que podría dispararle a la fuerza pública o hacer explotar una bomba para que los enfrentamientos fueran más violentos y así culparan a las fuerzas de izquierda de la universidad”, recordó para esta investigación Luis Valladares.
Llegó fines de los sesenta y Berríos ya estaba instalado en Santiago en la casa de sus padres, en calle Antonio Bellet, comuna de Providencia. Convalidó algunos ramos en la Universidad de Chile y siguió con su carrera. Pese a que egresó finalmente en 1974, su examen de grado y la entrega de la tesis que le permitió acceder al título de bioquímico la efectuó el 16 de enero de 1980. Todo ello se lo debe a quien fuera su amante por aquellos años, Viviana Egaña, quien lo azuzó para que realizara el trámite académico.
EL CURSO PEQUEÑO
Cuando Berríos llegó a la carrera de bioquímica en la Universidad de Chile, se sintió un poco más a gusto. Si bien es cierto los bioquímicos son los más “informales” dentro de la Facultad de Química y Farmacia, la mayoría de los varones vestía en su estilo: terno y corbata.
Es más, a diferencia de Concepción, la escuela era mayoritariamente de derecha. Para sentirse más en confianza relató a sus compañeros de curso que debió irse de Concepción por la golpiza recibida por arriar la bandera que lo tuvo dos meses en el hospital, recuerda Luz María Pérez, actual directora de la carrera de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello (UNAB).
Sin embargo, parte de su relato no era cierto, debido a que solo sufrió contusiones de mediana gravedad y no pasó un día en el hospital. Más aun, en un proceso judicial 23 años más tarde, figura una carta donde el 21 de mayo de 1969 le escribe a sus padres, relatándole sus peripecias universitarias. Las oraciones revelaban que se hallaba contento9 . Su formalidad a la que le debió su apodo de “el conde Berríos”, en Concepción, en Santiago no cambió mucho. “Una sola vez lo vi con beatle y le dije hoy no te pusiste corbata. El se bajó un poco el cuello y claro, la corbata estaba debajo de ese chaleco de cuello alto”, rememoró Pérez. El curso de tercer año al que llegó Berríos en 1970 en la Universidad de Chile junto con tener una mayoría de mujeres, era particularmente pequeño: solo 10 alumnos. Además, todos pertenecían a la derecha y solo tres de ellos eran de una izquierda moderada.
“Recuerdo que éramos súper afiatados como curso. Siempre hacíamos convivencias. El era muy generoso. Siempre llegaba con pasteles de la panadería de su tía”, sigue Pérez. Sin embargo, lo que más llamaba la atención de sus colegas eran las extrañas personas que llegaban a su casa pasada la medianoche. Se trataba de sujetos que bien podrían haber pertenecido Movimiento Nacional Socialista de Chile (MNSC).
“Cuando estas personas llegaban, bastante tarde,
Berríos, con algunos tragos en el cuerpo, se ponían a escuchar marchas militares alemanas, levantaban su mano y gritaban ¡Heil Hitler!”, recuerda la profesora.
Si bien es cierto nunca le dieron mayor atención, porque no pasaban de ser hechos casi anecdóticos en el estado de enfrentamiento generalizado que se vivía en las facultades universitarias, de todas formas provocaban suspicacias e incluso temor en algunas personas de su entorno. Durante el gobierno de Allende, quien fuera presidente de le Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, (Alejandro Rojas), convocó a un acto en la facultad donde estudiaba Berríos.
En un hecho similar al cometido en Concepción, Berríos arengó en contra de las palabras de Rojas. “Cuando se hunde el barco las ratas arrancan”. Fue aplaudido. Posteriormente, caminó hasta un bar cercano llamado “El oriente” y pidió lo de siempre: un pisco sour. Era recién el mediodía.
NACE EL FRENTE NACIONALISTA PATRIA Y LIBERTAD
El 4 de septiembre de 1970, los resultados de las elecciones presidenciales daban como ganador a Salvador Allende. Época política que sirvió de caldo de cultivo para los intereses de Berríos. Sobre todo, porque el 10 de septiembre el abogado Pablo Rodríguez Grez, dio vida al Frente Nacionalista Patria y Libertad (FNPL), en el séptimo piso de Huérfanos 117010 . “Las fuerzas políticas democráticas tienen el deber moral de dar a la nación una oportunidad definitoria para que sea Chile entero y no una minoría prepotente, la que determine el destino institucional que nos aguarda”11 , rezaba el documento fundacional del FNPL.
Estas palabras provocaron en Berríos una suerte de llamado para con la patria. Así, se transformó en un activo militante del grupo paramilitar de ultraderecha, aunque existen indicios en los informes de la Policía de Investigaciones, que habría tenido vínculos con el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Estos nunca pudieron ser comprobados.
La asunción de Allende trajo acompañadas las palabras del demócrata cristiano Andrés Zaldívar que condenaban la nominación del mandatario socialista, con lo que el ambiente político nacional se convulsionó. Palabras sacan palabras y, según la prensa de la época un comando terrorista, asesinó al comandante en Jefe del Ejército, René Schneider Chereau, de 54 años, el 22 octubre del 70.
Ese día, a eso de las 8 de la mañana, el general René Schneider Chereau salió de su casa de calle Sebastián Elcano en su Mercedes Benz azul oscuro. Conocido oficial constitucionalista, Schneider había sido claro en que respetaría la voluntad ciudadana y respaldaría al Presidente que el Congreso Pleno designara como ganador en la reñida elección presidencial de 1970. Dos días antes que el Congreso Nacional ratificara que el socialista Salvador Allende sería el próximo Presidente de Chile, un numeroso comando intentó secuestrar al militar para así forzar al Ejército a levantarse y lograr que no se confirmase a Allende en el mando de la nación. El controvertido general ® Roberto Viaux, quien había liderado la insurrección del regimiento Tacna durante el gobierno de Frei Montalva, a fines de los sesenta, era el motor intelectual tras la operación. Sin embargo, Juan Diego Dávila Basterrica, un nacionalista que estaba bajo las órdenes de Viaux, fue el encargado de reclutar al comando de personas que participarían en la delicada operación. Dávila congregó a dos tipos de personas. Un grupo lo conformaron nacionalistas que recibieron paga por actuar en ese secuestro. El resto, eran jóvenes de extrema derecha, sin preparación militar alguna, que colaborarían en el cometido. Craso error.
En la mañana del 22 de octubre, cuando el automóvil de Schneider bajaba por la calle Martín de Zamora para doblar por Américo Vespucio hacia el norte, fue interceptado por cuatro autos. Los jóvenes se bajaron y rompieron, con combos, los vidrios laterales del auto. En su intento por defenderse, Schneider empuñó su arma. En ese momento recibió tres impactos de bala. Uno fue dirigido a su mano y le dañó el brazo hasta el codo, el segundo impactó su hígado, bazo y pulmón; y el tercero, el otro pulmón. Se suponía que el comando no portaría armas de fuego, según dijo con posterioridad su autor intelectual, el general Viaux Marambio. Solo llevarían combos y spray con gases paralizantes. Indignado por la falta de profesionalismo de los jóvenes reclutados por Dávila Basterrica, Viaux –quien siempre dijo conocer poco a los autores directos del crimen–, ha ratificado en múltiples ocasiones que el objeto 29 era secuestrar al general y que la inexperiencia de los autores de la operación llevó a la muerte del militar. Tras dos días de agonía en el Hospital Militar, René Schneider falleció. El país estaba consternado. Ese mismo 24 de octubre, Salvador Allende fue ratificado como Presidente de Chile12 .
El diario El Mercurio del día siguiente señalaba en la bajada de su primera página: “En una acción presumiblemente destinada a secuestrarlo, es herido de gravedad el comandante en Jefe del Ejército, general René Schneider, el que fallece poco después. El hecho se considera como un intento de impedir que el Congreso elija a Salvador Allende como Presidente”13 . El atentado se debió a una frenética carrera por evitar que Allende entrara a La Moneda. Los hombres de la CIA se conectaron por separado con los generales Roberto Viaux y Camilo Valenzuela. Les entregaron armas y dinero para materializar el complot mientras, desde otra plataforma, el bien relacionado agregado militar norteamericano en Santiago, Paul M. Wimert, actuaba con celeridad para contribuir al objetivo común. Entre ocho y diez granadas de gas, tres ametralladoras, varias municiones y 50 mil dólares, fue el petitorio que el general Camilo Valenzuela entregó al agregado militar norteamericano, para cumplir el cometido del secuestro de Schneider e instalar una Junta Militar en Chile. El encuentro se produjo dos días antes de iniciar la escalada golpista y en adelante, una mezcla de improvisación, ceguera y voluntarismo, ofrecería por todo desenlace la huída en tropel de los hombres de la CIA y el cuerpo agónico de Schneider esperando la muerte en el Hospital Militar.
El presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon estaba convencido que asesinando a Schneider, las Fuerzas Armadas y la Democracia Cristiana detendrían el arribo de Allende a la primera magistratura. Pero el efecto fue al revés.
A pesar del crimen, Allende fue confirmado por el Congreso Pleno como Presidente Constitucional de Chile. Nixon había perdido otra batalla.
Fue precisamente al general Viaux, autor de la operación, a quien Berríos visitó en la Penitenciaría de Santiago, en 1971. Según consta en el libro de ingresos del penal, Berríos permaneció durante toda la visita, pues se retiró cuatro horas más tarde.
GOLPIZA PARAMILITAR
Sus contactos con los militares ya comenzaban a dar frutos, al igual que al interior del FNPL, donde comenzó a realizar las veces de contador, según establecen los informes policiales que fueron tenidos a la vista para esta investigación. Su vinculación con FNPL comenzó a ser cada vez mayor, logrando escalar posiciones al interior de la jerarquía del movimiento.
El 5 de noviembre de 1972, Berríos es detenido por Investigaciones y puesto a disposición del 9º Juzgado del Crimen de Santiago, por ser el autor material, junto a otros integrantes del FNPL, del secuestro y lesiones graves en la persona de Jaime Abel Quiroz Sepúlveda. Este último habría robado algunos ejemplares del diario que editaba dicho movimiento, aunque también estaba encargado de venderlos. El titular del tribunal Luis Villarroel abrió, en agosto de 1972, la causa rol 7.083-72, aunque sin suerte, ya que fue sobreseída sin responsables.
Quiroz Sepúlveda era un modesto trabajador que buscaba empleo. Lo encontró en la sede que el FNPL tenía en calle Irene Morales. Según un testigo presencial de aquel episodio, “Quiroz fue inculpado por las personas encargadas de efectuar la venta y distribución del periódico que teníamos en Patria y Libertad, de haberse robado ejemplares, dinero y especies de la sede”.
La fuente asegura que Quiroz, llegó al día siguiente de haber robado “como si nada”. En esa ocasión estaban presentes Eugenio Berríos, Patricio Jarpa Díaz de Valdés, Jaime Hevia quien además rapó a Quiroz con una tijera– y Óscar Ángel Albert Ventura, según establece la causa que se tuvo a la vista para esta investigación, desanaquelada del Archivo Judicial. Todos procedieron, según el proceso, a propinarle una brutal golpiza y a ponerle corriente en el cuerpo, con un magneto que posteriormente, según el documento, halló Investigaciones tras un allanamiento -ocurrido el 10 de octubrea la sede del FNPL.
El parte médico de Quiroz revelaba: “Contusión y Equimosis múltiple tórax y extremidad superior, corte irregular del cabello”. La casa de Jarpa Díaz de Valdés, es allanada días más tarde y en su interior se encuentran una Magnum 44, varias bombas molotov y granadas hechizas.
Todos los mencionados quedaron en libertad. Según la fuente consultada, Berríos participó de los apremios, pero también asegura que no fue más que una “pateadura merecida al ladrón de Quiroz”.
El mismo día en que Berríos era detenido, el país escuchaba, cómo el Comandante en Jefe del Ejército y ministro del Interior, general Carlos Prats, daba lectura por cadena nacional de emisoras, a las 13:45 horas, de un documento de cinco capítulos que daba por finalizado el llamado “Paro de Octubre”, que se había iniciado el 10 del mencionado mes. Al día siguiente, El Mercurio titulaba: “Hora de triunfo para el gremialismo”, cuando Berríos fue sacado de la Penitenciaría de Santiago y llevado al tribunal para prestar declaración, tras lo cual quedó en libertad.
Pero el país continuaba con su ruta divisionista. El apoyo de Estados Unidos al paro de camiones y las insoslayables diferencias políticas entre los partidos que integraban el espectro nacional, devino, resumiendo las complejas circunstancias que Chile vivió en aquellos años, en el golpe militar del 11 de septiembre de 1973. Un amigo de Eugenio Berríos, quien solicitó reserva de su identidad para entregar su testimonio a esta investigación, asegura que Berríos participó, junto a militares de inteligencia y gente del FNPL, en distintas purgas que se hicieron en las calles santiaguinas aquel día. Para ello, según esta versión, 32 contaban con salvoconductos otorgados por los militares a cargo del desplazamiento.
El ex militante del FNPL relata que Berríos portaba una pistola Beretta 9 mm. Con ella, según el informante, fueron baleadas y en algunos casos asesinadas, personas vinculadas a la UP, la noche del 11 y del 12 de septiembre. La misma fuente indica que Berríos comenzó a trabajar en ENAP, como ingeniero químico. En todo caso, la versión no pudo ser confirmada porque en los archivos de la empresa petrolera no figura su nombre. Tampoco en la Contraloría General de la República. Luego de su paso por el FNPL, la pista de Berríos se pierde, pero solo por unos meses.
Poco se sabe de cómo llegó a ser agente de la DINA que surge a la luz pública a principios de 1974. El organismo represivo fue creado el 14 de junio de 1974. Operó con amplios poderes hasta agosto de 1977, bajo la dirección del entonces coronel Manuel Contreras Sepúlveda y es tal vez la más odiada de todas las agencias represivas del Chile de la época. La DINA llevó a cabo sus operaciones en varios centros secretos de tortura y detención a lo largo del territorio nacional y participó en crímenes acontecidos fuera de él.
Según el ex jefe de comunicaciones del FNPL, Manuel Fuentes Wendling, fue Michael Townley quien reclutó al químico como agente. “Townley, de Patria y Libertad se llevó, algo así como un grupo de personas, su equipo de trabajo propio”, asegura. Varias publicaciones de prensa, como también libros de investigación periodística relacionados con el caso Letelier, coinciden en esta versión. En el libro Memorias Secretas de Patria y Libertad, Fuentes Wendling, relata varios encuentros de nuestro personaje con Townley y su esposa, Mariana Callejas.
Se desprende que la amistad entre Berríos y Townley, que ya era cercana en el FNPL, se traspasó cuando el estadounidense le ofreció trabajo en la DINA. El episodio relatado por Fuentes Wendling es elocuente en detalles. Señala que Mariana Callejas quería trabajar escribiendo para la revista que el FNPL tenía en los 70. A Fuentes W. sencillamente no le caía bien Mariana Callejas.
“Solo le publicamos un cuento urbano en la edición N°22 de la revista”, señala en su libro14 .
Meses más tarde, cuando ya Fuentes W. no lograba deshacerse de la presencia de Callejas, le preguntó por su familia. “Usted me dijo que su pareja era mecánico, pero no me dijo de qué nacionalidad es– apunté como una forma de obtener más información”, sigue el texto. “Es norteamericano y se llama Michael Townley. Su padre fue gerente general de la Ford en Chile. Y además de ser mecánico sabe algo de electrónica y de química. También podría ayudar al movimiento en ‘algunas cosas’, agregó con un inocultable orgullo y poniendo énfasis en las dos últimas palabras”15 . “Me interesa conocerlo”, dijo Fuentes W. a Callejas, con lo que la entrada de Townley al FNPL, quedó sellada y así su encuentro con Eugenio Berríos.
Townley, junto a Callejas (y según algunos ex militantes del FNPL, también Berríos), pretendían atentar contra Allende, cuando este bajara de su residencia con destino a La Moneda. Parte de esa idea es relatada en el libro de Fuentes W. “Yo creo que podríamos matar fácilmente a Allende”, dijo Townley.
Su frase no era menor. El estudio que tenía de los movimientos de Allende tampoco. Había logrado con la ayuda de jóvenes miembros del FNPL, hacer un perfecto chequeo de las condiciones objetivas para el magnicidio. Entre los participantes estuvo Eugenio Berríos Sagredo. Allende bajaba los martes cada tres semanas por Avenida Colón. En la esquina de Colón con Magallanes, seguía el plan, había una tapa de alcantarillado. La idea era poner 50 ó 60 kilos de dinamita y hacerlas explotar con el consabido resultado. Fuentes Wendling preguntó. “¿Y dónde obtenemos la dinamita?”. Townley contestó: “Estás sentado sobre ella”. Su interlocutor palideció.
BERRÍOS EL INSOSPECHADO
Berríos compartía sus actividades de militante del FNPL con las de estudiante universitario. Pero tras el golpe militar del 11 de septiembre y entrado ya 1974 –cuando se crea la DINA–, nadie sospechaba que Berríos pertenecía al temido servicio secreto en la Facultad de Química y Farmacia de la U. de Chile. Siempre se le veía con personas ajenas a la universidad cuando usaba el laboratorio para sus experimentos, recuerdan algunos de sus ex compañeros de curso.
La profesora, María Teresa Valenzuela rememora que “a Berríos sólo lo recuerdo porque siempre iba con sus amigos al restaurant ‘La Bombonera’, donde celebraban. “Era un tipo normal. Nada de inteligente. Más bien flojo y medio loco. Me acuerdo que me lo encontré como el año 1975 y me comentó que estaba tratando de hacer un extracto del boldo para venderlo a Alemania”, dijo Valenzuela. Mejores recuerdos tiene el profesor de la Universidad Católica, Rafael Vicuña, a quien Berríos le organizó su despedida de soltero en 1970. “Era un buen tipo pero cometió errores”, dijo para esta investigación.
Vicuña dejó de ver a Berríos en 1974, debido a que viajó a Estados Unidos a realizar estudios de post grado. En pleno apogeo de la DINA, en 1976, Vicuña viajó a Chile de visita y se reunió con Berríos. “Pero ese año nunca me contó nada de lo que hacía”, rememoró.
Berríos concurría al restaurante el “Alero de los de Ramón”, casi al borde del cierre y junto a varios compañeros de curso se quedaban hasta altas horas de la noche conversando con los músicos del lugar.
“Recuerdo que en tono jocoso, cuando los militares habían tomado el poder, me dijo que estaba planeando derrocar a Pinochet, porque le parecía muy blando y que él era partidario del general Viaux”, expresó Vicuña.
Efectivamente Berríos ya era partidario de dictaduras militares, “como sistema permanente de gobierno”, recuerda Vicuña. Igual versión de los hechos tiene José Santiago Morales, 35 actual funcionarios del ISP. “Me lo encontré en la calle, en Concepción, será el año 1976 ó 77. Me pidió que le entregara datos sobre la extracción de la esencia del boldo y me comentó que estaba haciendo un estudio de mercado para exportarlo. Yo no le pude ayudar porque mi especialidad era el Agar-Agar, que se obtiene de las algas”, recordó Morales. Fueron estas ideas de extraer aceites esenciales y los alcaloides del boldo y su posibilidad de cristalizarlos, lo que de alguna manera iniciaron los problemas reales de Berríos. A mediados de 1975, Berríos inició su proceso de titulación.
Y lo hizo con el profesor Osvaldo Cori, de ascendencia judía. En el mismo laboratorio trabajaban Luz María Pérez y María Cecilia Rojas, quien se desempeña actualmente en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile. El objetivo de la tesis era química industrial y consistía en extraer aceites esenciales de los elementos. Osvaldo Cori, en tanto, era un sujeto particular. Criado en el colegio Alemán de Valparaíso a insistencia de su padre, el nazismo le era un tema sensible. Por eso no dudó en pedirle a Berríos que dejara de trabajar en su laboratorio, cuando le dijo que “Hitler debió haber matado a todos los judíos”. Si bien es cierto la frase fue la resultante de un comentario generalizador sin mayores ánimos de ofender a Cori, lo cierto es que el académico se lo tomó muy en serio y Berríos terminó trabajando en el laboratorio del profesor Jaime Sapag, académico jubilado que aun realiza clases en la facultad de Química y Farmacia de esa casa de estudios. Este recordó que Berríos trabajaba en la extracción de la Boldina, un alcaloide derivado del boldo. “Lo que pasa es que países francófonos, como Canadá, Bélgica y la misma Francia, importaban muchas hojas de boldo en esa época para hacer un producto en polvo, de ahí que Berríos tuviera la idea de producirlo en Chile”, precisó.
Sapag rememoró que algunas ocasiones, “como yo hablo más de un idioma, le ayudé a redactar las cotizaciones para el extranjero”. “Él era una persona de derecha pero siempre fue muy respetuoso conmigo. Recuerdo que siempre andaba 36 con unos impermeables muy bonitos. Ahí me dijo que se los regalaban. Ahí me confesó que pertenecía a la DINA”, dijo. Pero Sapag no fue su profesor final de tesis, sino el actual decano de la Facultad de Química y Farmacia, Luis Núñez Vergara y el vicedecano, Arturo Squella.
Pese a que el autor de esta investigación intentó entrevistarlos, los académicos solo quisieron hacer referencia al aspecto estudiantil de Berríos a través de un cuestionario enviado vía e-mail.
Su tesis se halla actualmente en la biblioteca de la facultad ubicada en el barrio Independencia y se titula: “Boldina: extracción, purificación, propiedades y análisis”, por la cual obtuvo la distinción máxima de 5.90.
En esas mismas dependencias, recuerda Sapag, “los libros que hablaban de los gases como el Tabún, el Sarín y otros que se usaron durante las guerras del Siglo XX, aparecían con sus hojas arrancadas de cuajo”.Coincidencias o realidades, lo cierto es que Berríos guardaba secretamente su otra faz, un oscuro rostro de su multipolar personalidad, que lo hizo estar vinculado al único proceso judicial que fue dejado expresamente fuera de la Ley de Amnistía que Pinochet dictaría años más tarde.

Sunday, July 03, 2005

MI PRIMER LIBRO- CRIMEN IMPERFECTO, LA MUERTE DEL QUIMICO DE LA DINA EUGENIO BERRIOS Y LA MUERTE DE EDUARDO FREI MONTALVA






Prólogo

La presente investigación periodística es fruto de largos años de acumulación de documentos, recortes de prensa, entrevistas con fuentes de información y análisis de la misma, que permiten tener una visión acabada de la vida y la muerte del químico de la desaparecida Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), Eugenio Berríos Sagredo.

El texto intenta desentrañar las oscuras circunstancias en las que deambuló su vida universitaria, su personalidad, su infancia y amistades. Entregando pistas sobre sus posibles asesinos y quiénes supieron del mismo, algunos vinculados a la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE).

Igualmente se adentra en las pistas hasta ahora existentes sobre la muerte del ex Presidente Eduardo Frei Montalva, quien falleció en 1982 en la clínica Santa María. No menores serán los antecedentes sobre tráfico de drogas y las oscuras relaciones de ex agentes de la DINA con narcos extranjeros, e incluso posibles vínculos con el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) dirigido por Vladimiro Montesinos en Perú.
Agradecimientos

El primer agradecimiento a mi madre por permitirme nacer y escribir estas líneas; a mi abuela por enseñarme que las letras cuando se unen entre sí, cobran sentido; a mi hermano que desde su compleja simplicidad apoyó esta empresa; y a mi padre quien desde lejos rastreó con sabiduría los pasos de mi vida.

El segundo a mi esposa, la periodista norteamericana Casey Woods por su apoyo y paciencia que me permitieron terminar esta investigación.

Mis palabras también abarcan a los periodistas que a través de mi corta vida profesional han entregado sus sabios consejos, en especial a Óscar Pinto, actual reportero de tribunales del diario La Segunda. Una mención especial requiere quien fuera mi profesor de Géneros Periodísticos Interpretativos en la Universidad Arcis, Rafael Berástegui, quien con su corrección ácida y viperina, ayudó a desentrañar las contradicciones en mi aún novel escritura. También los periodistas Francisco Martorel y Rodrigo de Castro quienes en parte azuzaron la idea de este libro y escucharon mis planteamientos.

No puedo dejar de mencionar a los pioneros del periodismo de investigación en Internet en Chile, el Director Responsable del diario electrónico http://www.elmostrador.cl/, Federico Joannon y a mi jefa, Claudia del Solar, por su comprensión, apoyo y risas varias que precedieron el lanzamiento de este texto.Y por último, a todos los que hicieron posible la investigación y publicación de este libro, en especial a LOM Ediciones y, como no, a las personas que desinteresadamente hablaron respecto de sus relaciones con Berríos y a quien pasó la gran mayoría de documentos policiales y de inteligencia como también a la que prestó una copia del expediente judicial que posibilitaron la reconstrucción de la historia. Estos últimos, por cierto, permanecerán para siempre en el anonimato, tal como lo pidieron.
Siglas y nombres
SIGLAS EN CHILE
DINA : Dirección de Inteligencia Nacional.
DINE : Dirección de Inteligencia del Ejército.
CIE : Cuerpo de Inteligencia del Ejército.
BIE : Batallón de Inteligencia del Ejército.
CNI : Central Nacional de Informaciones.
SS : Servicio Secreto.
CDE : Consejo de Defensa del Estado (Chile). DV : Departamento Quinto (o Asuntos Internos) de la Policía de Investigaciones.
ISP : Instituto de Salud Pública, otrora llamado Bacteriológico.
FNPL : Frente Nacionalista Patria y Libertad.
MIR : Movimiento de Izquierda Revolucionaria.
FPMR : Frente Patriótico Manuel Rodríguez.
DC : Democracia Cristiana.
UDC : Universidad de Concepción.

SIGLAS EN EL EXTERIOR
CIA : Central Intelligence Agency.
FBI : Federal Bureau of Investigation.
DEA : Drug Enforcement Administration.
Mossad : Servicio de inteligencia israelí.
DMA : Da’lrat al mukharabat al Ama. Servicio de inteligencia irakí.
SIDE : Servicio de Inteligencia del Estado (Argentina)
SIN : Servicio de Inteligencia Nacional (Perú).
AN : Avanguardia Nazzionalle. Grupo terrorista italiano.
MNC : Movimiento Nacionalista Cubano.
NOMBRES:

Manuel Contreras Sepúlveda: director de la DINA.

Carlos Herrera Jiménez: ex agente de la CNI y la DINE.

Maximiliano Ferrer Lima: ex DINA y jefe del servicio secreto de la DINE desde 1983 hasta 1992.

Gladys Schmeisser: viuda de Eugenio Berríos Sagredo.

Jorge Ricardo Alarcón Dubois: agente chileno de la DEA.

José Remigio Ríos San Martín: ex DINA y protector de Berríos.

Arturo Silva Valdés: oficial ® del Ejército, encargado de los viajes de Pinochet al exterior.

Emilio Timmerman: general ® del Ejército y ex agregado militar en Uruguay.

Emilio Rojas: agregado cultural de Chile en Uruguay.

Máximo Isidro Bocanegra Guevara: narcotraficante y ex agente de inteligencia peruano.

Justo Cornejo Hualpa: narcotraficante peruano. Nombre falso:
Jorge Acosta Vargas.

Jorge Saer Becerra: narcotraficante peruano. Nombre falso:
Jorge Saez Riveros.

Thomas Ehrenfeld: abogado querellante en el caso Berríos.

Eduardo Frei Montalva: ex Presidente de Chile. Gobernó desde 1964 hasta 1970.

Carmen Frei: senadora DC, hija del ex mandatario.

Vladimiro Montesinos: jefe del SIN (Perú) mano derecha del fugado presidente Alberto Fujimori.

Tomás Casella: oficial de inteligencia uruguayo.

Eduardo Radaelli: oficial de inteligencia uruguayo.

LOS INVESTIGADORES

Olga Pérez Meza: titular del Sexto Juzgado del Crimen de Santiago.